Autor: María (Página 2 de 4)

La reforma del proceso de nulidad un año después

Un año después de la entrada en vigor de la reforma del proceso de nulidad de matrimonio introducida por el Papa Francisco mediante el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus, parece conveniente recordar algunos aspectos esenciales de esta reforma:

La intención del Papa ha sido eliminar las barreras que los fieles percibían como obstáculos para acudir a un tribunal eclesiástico: la distancia geográfica (ahora se puede elegir el tribunal más cercano al domicilio del demandante); la dificultad que puede suponer el coste económico del proceso (el Papa pide que, en la medida de lo posible, los procesos sean gratuitos); y la duración de los procesos: con el fin de agilizar la tramitación, el Papa elimina la necesidad de obtener una doble sentencia. De este modo, si la sentencia del tribunal de primera instancia declara que consta la nulidad del matrimonio ya no es necesario pasar automáticamente al tribunal superior para que confirme esa sentencia; salvo apelación del defensor del vínculo o de una de las partes, derecho de apelación que es consecuencia del respeto a la indisolubilidad del matrimonio. Precisamente para garantizar la tutela debida del bien de la indisolubilidad del matrimonio, al desaparecer la necesidad de la doble sentencia se exige del defensor del vínculo una mayor diligencia si, en conciencia y con razones fundadas, debe ejercer el derecho/deber de apelar.

La reforma introduce también la posibilidad de un proceso más breve ante el obispo, que puede plantearse si se dan dos condiciones: que ambos cónyuges presenten la demanda conjuntamente o uno con el consentimiento del otro. Y la segunda condición es que, de las pruebas que se aporten con la demanda, la nulidad sea manifiesta. En estos procesos es el propio obispo quien, si alcanza la certeza moral sobre la nulidad del matrimonio, da la sentencia.

La reforma refuerza la conciencia de la dimensión pastoral del proceso y del trabajo de los tribunales eclesiásticos; y pone el acento en la responsabilidad del obispo como juez no sólo en los procesos más breves, ya que también es responsable de que en el funcionamiento del tribunal se respete el principio de la indisolubilidad del vínculo matrimonial porque “en virtud de su oficio pastoral es con Pedro el mayor garante de la unidad católica en la fe y la disciplina”.

Desde mi punto de vista, con esta reforma el Papa ha sido muy exigente ya que espera de todos los que de una u otra forma trabajamos en los procesos de declaración de nulidad de matrimonio que lo hagamos de forma responsable, profesional, trabajando con rapidez y al mismo tiempo con justicia y verdad, en fidelidad al Magisterio y la ley de la Iglesia. Es fácil decirlo, pero no tanto aplicarlo.

 

 

El Señor ama la justicia y el derecho

Se cumple un año de la reforma del proceso canónico de declaración de nulidad de matrimonio introducida por el Papa Francisco con el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus.

Una correcta aplicación de las normas implica, necesariamente, un adecuado conocimiento de las mismas. Y en este año se ha puesto de manifiesto, nuevamente, el gran desconocimiento del derecho matrimonial y procesal canónico por parte no sólo de los medios de comunicación (incluso los teóricamente especializados) sino de las mismas Curias Diocesanas y los agentes de pastoral. Desconocimiento que sólo contribuye a aumentar la confusión de los fieles.

 

icono

Digo esto porque cada vez son más frecuentes los equívocos que se producen cuando los fieles se acercan a preguntar por algún aspecto del nuevo proceso de declaración de nulidad: una respuesta dada desde la buena voluntad pero sin un real conocimiento del proceso crea expectativas en las personas que no se corresponden con la realidad; y es causa de sufrimiento en quienes acuden a los tribunales y ven frustradas sus esperanzas de celeridad en la tramitación del proceso, ampliación de los motivos por los que un matrimonio puede ser declarado nulo….  También es fuente de equívocos la información aparentemente correcta, pero parcial: por ejemplo, es cierto que con la reforma del proceso desaparece la necesidad de la doble sentencia por lo que si el tribunal de primera instancia declara que consta la nulidad de un matrimonio, esa sentencia será firme y ejecutiva sin necesidad de ser confirmada por un tribunal superior; pero se obvia tener en cuenta que esto es así “salvo apelación de una de las partes o del Defensor del Vínculo”. Y sucede que, en caso de apelación, los fieles se sienten de alguna manera engañados porque no contaban con la posibilidad de tener que pasar por una segunda instancia.

La solución es, desde mi punto de vista, tener presente que el Derecho (también el procesal) es una herramienta pastoral. Y “En esta perspectiva, es importante que haya una toma de conciencia aún más incisiva sobre la responsabilidad en esta materia de aquellos que tienen cura de almas. El derecho canónico en general, y especialmente el matrimonial y procesal, requieren ciertamente una preparación particular, pero el conocimiento de los aspectos básicos y de los inmediatamente prácticos del derecho canónico, relativos a las propias funciones, constituye una exigencia formativa de relevancia primordial para todos los agentes pastorales, en especial para aquellos que actúan en la pastoral familiar.” (Benedicto XVI Discurso al Tribunal de la Rota Romana Sábado 22 de enero de 2011 http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/january/documents/hf_ben-xvi_spe_20110122_rota-romana.html)

Acoger, aconsejar y responder a las preguntas y dificultades de quienes se plantean iniciar un proceso de declaración de nulidad de matrimonio o ya están pasando por él es algo muy serio, que tiene consecuencias en la vida de las personas y puede ayudar a sanar heridas o añadir dolor sobre sufrimiento previo; por eso necesita un mínimo de conocimientos técnicos o, al menos, la prudencia de decir: me voy a enterar bien, vuelva usted cuando pueda darle las respuestas ciertas que usted merece.

En septiembre nos separamos

Llega el verano, para muchos la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones. Y con el verano y las vacaciones llegan los artículos y estadísticas que recuerdan que septiembre es el mes en el que se producen más separaciones. Porque, al parecer, la convivencia durante las vacaciones pone de manifiesto el deterioro de las relaciones de pareja; el verano, entonces, ya no es el momento para disfrutar de estar juntos, en familia, sino un tiempo que nos pone ante la mediocridad de nuestras relaciones. Y, para vivir así, más vale separarse.

Este verano puedes optar por fijarte en los defectos de tu marido/tu mujer, en los fallos de tus hijos; buscar lo que te pone más nervioso, lo que se te hace difícil de soportar, lo que es motivo suficiente para plantarte y decir: ¡hasta aquí! Encontrar los defectos, los fallos, lo negativo es fácil; así que en septiembre puedes ser un número más en las estadísticas de separaciones y divorcios.

Pero este verano puedes hacer otra cosa: puedes elegir darte cuenta de que tu marido/tu mujer, tus hijos son personas, seres humanos; y, por tanto, limitados y frágiles. No se trata de idealizar a nadie, hay que ser realista, y están llenos de defectos. Pero el realismo “coloca esas debilidades y errores en su contexto. Recuerda que esos defectos son sólo una parte, no son la totalidad del ser del otro” (Amoris Laetitia 113). Y el otro, imperfecto, te quiere como puede dentro de su limitación: “que su amor sea imperfecto no significa que sea falso: es real, pero limitado” (AL 113).

Si eliges mirarlos así, acabarás dándote cuenta de cuántas cosas buenas hay en cada uno de ellos y descubrirás todo lo bueno que hay en medio de la imperfección. También puedes intentar caer en la cuenta de tus defectos, qué cosas te aguantan, te pasan por alto, te perdonan… porque te quieren así, como eres: imperfecto. Cuando te des cuenta, por favor, repite muchas veces las cosas buenas y diles que les quieres. Lleva la contraria a las estadísticas, disfruta de tu familia y redescubre a esas personas a las que un día elegiste y están a tu lado, sin contentarte con vivir una relación mediocre.

Si eliges vivir así el verano, estarás viviendo la esperanza y afirmando con tu vida que estás convencido de que tu mujer/tu marido, tus hijos, tú mismo, imperfectos, estáis llamados a la plenitud, en el Cielo.

Unificar la pastoral familiar

Se han publicado en las últimas semanas las respuestas a los cuestionarios del nuevo Plan Diocesano de Evangelización de Madrid. En esas respuestas, las acciones pastorales en las que se percibe mayor nivel de desánimo son: en primer lugar la pastoral del trabajo y dentro de la empresa. Después, por este orden: pastoral de jóvenes, de adolescentes, de postcomunión, pastoral educativa escolar y pastoral familiar. En todos estos ámbitos, las respuestas reflejan un grado de desánimo importante (superior al 4.34 en una valoración de 0 a 10)

 

cuestionario_madrid

También se perciben muy poco aprovechadas para atraer a los alejados la pastoral educativa escolar, de postcomunión y pastoral familiar y la formación de los fieles cristianos.

Uno ambos datos y resulta evidente que las acciones diocesanas que provocan mayor desánimo y que además se perciben como poco aprovechadas para atraer a las personas alejadas de la Iglesia tienen que ver con la familia. Y me parece que los fieles que responden al cuestionario perciben una fragmentación en la atención a la familia en sus distintas etapas. ¿No son la pastoral de jóvenes, de adolescentes, de postcomunión y la pastoral educativa escolar, todas ellas, pastoral familiar? Será necesario, entonces, un proyecto de pastoral familiar integral, en el que la atención a la familia vertebre todos estos aspectos.

¿Qué propuestas concretas se pueden hacer para este plan integral de pastoral familiar en una diócesis? No sería difícil poner en marcha un plan de trabajo que incluya “la coordinación de la Delegación de Pastoral Familiar con las otras pastorales: de catequesis, de educación, juvenil, sanitaria, medios de comunicación, de emigración, del clero y religiosos, para la elaboración y realización de planes que les afecten conjuntamente, como son: la elaboración de materiales diocesanos de catequesis de familia y vida en las distintas etapas; la preparación de un plan de educación afectivo-sexual en los colegios católicos; la organización de “itinerarios de fe” para novios, cursos de formación permanente, etc.”.

“Además, el proyecto de pastoral familiar ha de incluir la preparación de cursos de formación de agentes de pastoral específicamente familiares, los cuales deben ser distintos en sus contenidos y programación de los de las escuelas de catequistas” y “la organización a nivel diocesano de la pastoral matrimonial en sus diversas etapas: con especial incidencia en el fomento de las escuelas de padres, los grupos de novios y los cursos prematrimoniales. Esta organización deberá asegurar la idónea formación de los agentes…” Finalmente, en este plan “el asesoramiento a las parroquias, en los casos de necesidad de asistencia a la familia, se realizará a través de los COF”; “para todo ello habrá que contar con el apoyo de personas especializadas, que puedan atender a los distintos campos de la vida familiar y que la delegación pueda ofrecer como ayuda concreta a las parroquias y movimientos. Provéase, para ello, como para la formación de los agentes, de los recursos personales y económicos suficientes.”

Me parecen criterios prácticos y realistas; que, además, están en perfecta sintonía con las indicaciones del Papa en Amoris Laetitia. Lo que me preocupa es que las citas son párrafos literales del Directorio de Pastoral Familiar de la Iglesia en España, del año 2003; y todavía estamos dando vueltas a cómo aplicarlo adecuadamente. Que no lo hacemos bien lo confirman la percepción y el desánimo de los fieles.

 

El abogado en los procesos de declaración de nulidad de matrimonio

Un aspecto esencial en los procesos de declaración de nulidad de matrimonio es el trabajo del abogado; personalmente creo que no siempre se conoce ni valora suficientemente su labor, que es una ayuda valiosísima en el trabajo de los tribunales de la Iglesia.

El abogado tiene una función fundamental en la fase prejudicial: antes de la presentación de la demanda es necesario un estudio minucioso y detallado de la historia personal y matrimonial de la persona que consulta; y esto exige dedicar largas horas a escuchar a la persona para, posteriormente, estudiar si en lo relatado hay o no indicios de una posible nulidad del matrimonio. Por tanto, la capacidad de escucha debe combinarse con la pericia técnica (conocimientos específicos de derecho matrimonial y procesal canónico).

Una vez estudiados los hechos, llega otro momento importante y delicado en la labor del abogado: la coherencia y profesionalidad exigen exponer con sinceridad si se encuentran o no motivos suficientes para iniciar un proceso de declaración de nulidad. Si no se encuentran, habrá que explicar a la persona que, de su relato, lo que se deduce es que su matrimonio es válido; y será conveniente remitirle a la ayuda (no estrictamente jurídica) que pueda necesitar para asimilarlo.

Si el abogado encuentra indicios suficientes para iniciar un proceso de declaración de nulidad, tendrá que investigar si es posible probarlo, antes de presentar la demanda. Esto es crucial para el proceso y exige de nuevo una gran dedicación por parte del abogado para recabar esas pruebas. Como vemos hay que hacer un trabajo serio, con delicadeza y pericia técnica y una considerable dedicación de tiempo: todo ello sin haber empezado el proceso.

La redacción de la demanda es otro momento determinante: hay que relatar los hechos con respeto y siempre de forma no ofensiva para las partes; y alegar el capítulo de nulidad que corresponda a esos hechos. Una demanda incorrectamente redactada o en la que el capítulo de nulidad que se alegue no sea correcto tendrá repercusiones negativas en el resto del proceso, que posiblemente se complicará y alargará en el tiempo.

En la labor del abogado hay también un importante aspecto de acompañamiento de la persona que consulta, que llega en una situación de dificultad, generalmente con un notable grado de sufrimiento personal y con temor a enfrentarse a un proceso que no suele conocerse bien. Hay que disipar dudas, explicar cada paso procesal, frenar las impaciencias, no crear falsas expectativas… todo ello con una adecuada cualificación técnica.

Si el abogado hace bien su trabajo, todo el proceso se beneficia de esta labor; si no lo hace bien, también todo el proceso se verá afectado. Por eso es tan importante reconocer el trabajo que hacen y agradecer su colaboración con los tribunales en la búsqueda de la verdad.

Evangelización ¿emocional?

La amistad, como todas las relaciones personales, suele comenzar por la atracción: conoces a una persona y surge una emoción, un sentimiento; te fijas en esa persona, te das cuenta de que existe y no te deja indiferente, te resulta una persona atractiva.

Ahora bien, esa atracción es un primer paso; para que haya una auténtica relación hay que dedicar tiempo para conocer al otro. Y en el trato personal aprendemos a integrar sentimientos y emociones con razón y voluntad. Habrá momentos en que prima el sentimiento y todo resulta fácil. Pero habrá también momentos en que la relación se hace más difícil y el sentimiento no es tan intenso; es el momento en el que razón y voluntad dan un paso al frente para mantener esa amistad que hemos elegido. De este modo, una relación madura no depende del estado de ánimo, de por sí cambiante.

Es muy importante tener claro que una relación no puede basarse sólo en emociones. Y esto también es aplicable a nuestra relación con Cristo vivo: con Él entablamos una relación personal que, como todas, pasará por momentos más emotivos y por otros más áridos. Lo que me lleva a pensar en algo importante para la evangelización, especialmente para la evangelización en internet: ¿estamos propiciando un auténtico encuentro con Cristo, o sólo suscitamos emociones?

sobre la fidelidad del corazón

Estoy preparando un taller sobre cómo el uso de los medios digitales está cambiando la forma de relacionarnos. Al mismo tiempo, he recibido varias consultas en las que el problema es una infidelidad. Consultas que me han sorprendido porque son matrimonios de personas aparentemente felices, que se casaron hace poco, enamorados, sabiendo lo que hacían, eligiendo el matrimonio y a la otra persona por amor y para amar, con un proyecto de familia, apoyados por su entorno…

Tengo todo esto a la vez en mi cabeza y mi corazón; me preocupa y me duele. Y veo conexión entre una cosa y otra: la forma en que nos relacionamos está cambiando. Y empezamos a pensar que entablar una relación con una persona que no es el cónyuge, sin que llegue a una relación física, no es una infidelidad. Que esto empieza a estar asumido lo veo hasta en los anuncios de televisión:

Pero el mensaje del anuncio es peligroso: el amor hay que cuidarlo y se hace con decisiones que tomas todos los días. El centro de tu corazón debe estar reservado para la persona amada. Y al corazón se llega desde los sentidos, desde la imaginación, desde la comunicación… Así que para guardar el corazón debes guardar las vías de acceso. Si miras a otra persona como sólo debes mirar al amado, abres a esa otra persona un camino de acceso a tu corazón que debería estar reservado. Si se te van los ojos, la imaginación, el deseo, las ganas de compartir lo que piensas o vives… detrás de una persona que no es aquélla a la que has entregado tu corazón, algo pasa. Todo eso te está avisando de que tienes que fortalecer tu relación matrimonial, son indicadores de que las cosas no van como deberían. Puedes elegir cuidar tu matrimonio y recuperar el amor; o puedes elegir entrar en un terreno resbaladizo que lleva a la doble vida. Pero no te engañes pensando que los actos pequeños no tienen importancia: los actos tienen consecuencias y no sólo para ti. Porque muchas  decisiones aparentemente pequeñas son importantes y hay amores que merecen toda tu vida.

Orientación familiar y colegios

Esta mañana me preguntaba un amigo, profesor de secundaria, qué me parece la posibilidad de ofrecer orientación y mediación familiar en los colegios. La respuesta, para mí, es clara: ¡me parece muy conveniente!

La orientación familiar es una ayuda para adelantarse y prevenir las dificultades. Se puede concretar en conferencias, cursos, sesiones de formación para ayudar a los padres a educar en las distintas etapas del crecimiento de sus hijos. Y, también, para fortalecer su relación de pareja. Pero la orientación familiar tiene un sentido complementario al anterior: si a partir de lo que se explica en una sesión de formación nos surgen dudas o vemos que estamos ante una situación que puede derivar en dificultades serias, una consulta con el orientador nos ayudará a manejar esa situación que puede llegar a conflicto si no se corrige (problemas de comportamiento, dificultades de relación en pareja, en familia o con iguales) a través de consejos y pautas específicos.

Cuando la dificultad ya ha surgido, la mediación es una herramienta para la resolución de conflictos tanto si el conflicto se produce entre los padres y sus hijos (porque estas dificultades con los hijos pueden repercutir negativamente en la relación de pareja) como para solucionar los conflictos entre los padres, que repercuten negativamente en sus hijos si no se resuelven.

Y ¿por qué ofrecer esta ayuda desde los colegios? Porque hay que acercar las ayudas a los lugares en los que las familias tienen su vida; y porque la orientación familiar es un complemento a la orientación escolar. Los profesores son un radar privilegiado para detectar si en una familia hay problemas. Hay dificultades que se detectan en el aula y tienen origen en el aula/centro pero también hay dificultades que se detectan en el aula y tienen origen en la familia. En ambos casos, creo que el trabajo conjunto de profesores, orientadores escolares y orientadores familiares es la mejor ayuda para sostener a la familia que pasa por un momento de dificultad; proponer una solución individualizada para el caso concreto y acompañar en la aplicación de esa solución; sostener a cada uno de los miembros de la familia e implicar a todos los que tienen relación con la familia en su fortalecimiento.

Porque ayudar a que una familia mejore es ayudar a cada uno de los alumnos y hacer realidad que cada una de las personas que están cerca de nosotros son importantes.

 

Atracción, enamoramiento, amor comprometido

Esta mañana hablaba de atracción, enamoramiento, de relaciones afectivas con alumnas de Bachillerato. Y pensábamos en voz alta sobre estos aspectos:

El cuerpo es la persona en su visibilidad: es también lo más externo, lo primero que uno ve cuando te conoce (tus características físicas, si eres alto o bajo, guapo o no tanto, qué ropa vistes; los gestos que haces, cómo te comportas…) Todo esto dice cosas de ti. Pero es triste valorar a las personas por la fachada, quedarse en la superficie. Lo que atrae, lo que se ama, es la persona entera y hay que aprender a mirar más allá del aspecto físico.

Un poco más adentro de la persona encontramos lo que pensamos y lo que sentimos. Pero no siempre mostramos externamente nuestros pensamientos y sentimientos. Para compartirlos con alguien necesitamos confianza. Y, a veces, no queremos manifestar externamente lo que pensamos o sentimos; generalmente por sentirnos vulnerables si transparentamos nuestro interior ante alguien que no lo va a entender bien.

En el centro de la persona encontramos el corazón: todos tenemos deseos de ser felices y deseos de relación. El hombre, varón y mujer, es un ser para la relación: las relaciones, los encuentros con otras personas te ayudan a crecer, a adquirir conciencia de lo valioso que eres cuando otra persona aprecia en ti algo bueno. Ahora bien, hay relaciones y relaciones. Hay personas que no aprecian en ti lo que vales; eso no quita la verdad de tu valor, lo que indica es que la otra persona no ha sido capaz de ver en ti lo valioso que eres. Porque sólo desde el amor, quien te quiera, podrá apreciar todo lo bueno que hay en ti.

Y ya que hablamos de amor, podemos encontrar estos ingredientes en el recorrido del corazón:

  1. Atracción: lo que veo en otra persona me gusta, pero me fijo de momento en su aspecto externo. Por eso, la atracción es un primer ingrediente del amor pero no equivale al amor; y te puedes sentir atraído por varias personas al mismo tiempo.
  2. Enamoramiento: ya no me gusta una particularidad física, ahora me gusta toda la persona del otro. Es una dimensión involuntaria del amor: sin saber cómo ni por qué tu corazón y tu mente se encuentran invadidos por una persona que no ha pedido permiso para entrar. No puedes estar enamorado de varias personas a la vez (aunque podrás estarlo de distintas personas sucesivamente)
  3. ¿Es bueno enamorarse? Si te ayuda a estar mejor en casa, a ser más amigo de tus amigos y a centrarte en los estudios, sí. En cambio no es bueno si te aísla del resto de la realidad.
  4. Te quiero: es un paso más. Para pasar de estar enamorado a poder decir te quiero hace falta tiempo y conocerse, poder saber cómo es esa persona que se te coló en el corazón y la cabeza y valorar si hay posibilidad de un futuro juntos.
  5. Amor comprometido: más allá del te quiero está el amor comprometido, que es decir a la otra persona “contigo, en todo, para siempre”. Es distinto querer a una persona y elegir un amor comprometido; porque puedes querer mucho a alguien y no poder comprometerte a un amor definitivo. Por ejemplo, porque no estás preparado para asumir las consecuencias de ese amor (eres muy joven, estás estudiando, no estás preparada/o para acoger la nueva vida que pueda llegar como fruto de ese amor. O sí estás preparado pero aunque quieres mucho a la otra persona ves claro que sois totalmente distintos, que vuestra relación no os ayuda a ninguno de los dos y eliges, con razones fundadas, no seguir adelante)

Porque el amor no es seguir los impulsos de los sentimientos, el amor es maduro cuando lo que sentimos somos capaces de juzgarlo con la razón y de elegirlo con libertad, comprometiendo la voluntad. Los tres elementos son importantes: no es bueno dejarse llevar por los impulsos de los sentimientos, hay que valorar con la razón qué es esto que siento, si es bueno o no para mí y para ti y, una vez que pongo nombre a lo que siento y que la razón me dice sigue adelante (o no sigas), la voluntad ejecuta la decisión tomada.

Otro punto importante es que el ritmo del corazón es distinto al ritmo del cuerpo. Ya hemos dicho que el corazón necesita tiempo, conocerse y confianza para ir pasando por las distintas etapas del amor. El cuerpo, que expresa lo que llevamos en el interior, tiene un ritmo distinto, es mucho más rápido en sus reacciones. Y así resulta que cuando te sientes atraído hacia una persona, el cuerpo puede adelantar varias etapas y sugerirte un gesto que no se corresponde a la atracción sino al amor comprometido (dicho claramente: te gusta un chico/a y el cuerpo te dice –me apetece acostarme con él/ella). Y aquí tenemos una dificultad: que hoy, la norma de comportamiento es “si me apetece”. Pero la libertad no es hacer lo que me apetece, es escoger lo que es un bien verdadero. Y hay que ayudar al cuerpo a acompasar su ritmo al ritmo del corazón, aprender a expresar con los gestos adecuados la verdad que vives en tu corazón. Si estás en un momento en que sientes atracción hacia otra persona y tienes una relación sexual con ella, el gesto que haces con el cuerpo expresa un amor comprometido, definitivo, en todo y para siempre. Y si eso no se corresponde con la verdad del corazón, en la que sólo encontramos atracción (muy lejos del amor comprometido), el cuerpo y el corazón no van al unísono y nos encontramos divididos: decimos con el cuerpo cosas distintas de lo que realmente vivimos. Esto produce heridas en la persona a la que le expresamos físicamente algo que no es verdad. Y deja heridas en uno mismo, porque vivir dividido es muy difícil.

Por eso, recuerda que el amor maduro es el que es capaz de juzgar con la razón lo que siente y de elegirlo desde la libertad comprometiendo la voluntad. Y ordena los gestos del cuerpo para expresar la verdad de lo que vives en el corazón.

 

 

Matrimonio: realidad, no mero ideal

El discurso del Papa al Tribunal de la Rota Romana de este año 2016 ha pasado casi desapercibido (esas traducciones de la web de la Santa Sede, que tardan…) en un año en que se pone en marcha la reforma del proceso de nulidad y estamos esperando la Exhortación Apostólica en la que el Papa nos indique cómo poner en práctica las conclusiones del sínodo sobre la familia.

En su discurso a los jueces de la Rota Romana el Papa afirma que “la Iglesia puede mostrar el amor misericordioso de Dios hacia las familias, especialmente las heridas por el pecado y las dificultades de la vida, y al mismo tiempo proclamar la irrenunciable verdad del matrimonio según el designio de Dios”. De nuevo el Papa recuerda la unión inseparable entre misericordia y verdad, verdad y misericordia, sin quedarnos sólo en uno de los dos aspectos.

Tal vez por eso, porque a veces nos quedamos con uno de los dos y obviamos el otro, el Papa afirma claramente que “La Iglesia con renovado sentido de responsabilidad, sigue proponiendo el matrimonio, en sus elementos esenciales (prole, bien de los cónyuges, unidad, indisolubilidad, sacramentalidad), no como un ideal para pocos, a pesar de los modernos modelos centrados en lo efímero y pasajero, sino como una realidad que, en la gracia de Cristo, puede ser vivida por todos los fieles bautizados” Son palabras que interpelan: ¿de verdad creemos que lo que es difícil para nosotros es posible con la gracia de Dios? ¿Enseñamos esto en nuestras catequesis, y con nuestra vida? Tengo mis dudas; en todo caso, el Papa recuerda también que es una urgencia pastoral mejorar la preparación al matrimonio, con un nuevo catecumenado.

Porque hemos estado durante años pensando que nuestros jóvenes sabían lo que es el matrimonio, sin ver (¿o sin querer ver?) que los jóvenes van al matrimonio habiendo asimilado lo que las leyes civiles dicen que es el matrimonio, que no coincide con la verdad del matrimonio natural ni del matrimonio canónico. Por eso, la falta de fe puede tener repercusiones en la validez o nulidad de un matrimonio: no tanto porque los contrayentes sean más o menos creyentes, sino porque la falta de formación en la fe puede llevarles a no conocer qué es el matrimonio y a contraer un “matrimonio a medida”; en el que por ejemplo no se admita que la unión sea para siempre porque se asume como cierto lo que la mentalidad general y las leyes afirman:  que “un matrimonio es una unión que se puede romper a voluntad de una de las partes”

Y aquí se nos plantea otra cuestión: ¿la formación en la fe que damos garantiza que nuestros jóvenes sepan qué es de verdad el matrimonio, con sus propiedades y elementos esenciales, para poder casarse válidamente conociendo y aceptando esas propiedades y fines?  ¿Y confiando en que lo que es difícil con las solas fuerzas de los contrayentes, es posible con la gracia de Dios?

La respuesta la encuentro en las palabras del Papa: hace falta un nuevo itinerario catequético de preparación al matrimonio.

Cuanto antes, mejor.

Página 2 de 4

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén