Autor: María (Página 3 de 4)

Reforma del proceso de nulidad: una dimensión pastoral

El pasado 8 de diciembre de 2015 entró en vigor la reforma del proceso de declaración de nulidad de matrimonio establecida por el Papa Francisco en el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus

En conformidad con la nueva regulación los tribunales ya han introducido cambios: tal vez el más llamativo es la revisión (a la baja) o eliminación total de las tasas, que ha producido ya un aumento de las personas que acuden al tribunal solicitando información para iniciar un proceso; inicio que es ahora más sencillo dado que se puede acudir al tribunal más cercano al domicilio del demandante. Además, las sentencias afirmativas de la nulidad dictadas por un tribunal de primera instancia ya no se envían automáticamente al tribunal superior, sino que son firmes y ejecutivas si no hay apelación de las partes o el defensor del vínculo.

Todo esto está muy bien: se logra en parte el objetivo de facilitar a los fieles el acceso a los tribunales de la Iglesia, acelerar la tramitación de los procesos (aunque tal vez se produzca un colapso, consecuencia de un aumento significativo del trabajo si debe ser realizado con los mismos medios y número de jueces) y que los fieles puedan tener respuesta sobre su situación personal en el menor tiempo posible, respetando siempre la verdad sobre el matrimonio.

Pero en la reforma del Papa Francisco hay otra dimensión que tal vez está pasando desapercibida: el Papa establece unas reglas para la correcta aplicación de la ley. En ellas se refuerza la conciencia de la dimensión pastoral del proceso y del trabajo de los tribunales y se recuerda expresamente el deber del Obispo (can. 383§1) de “acompañar con ánimo apostólico a los cónyuges separados o divorciados, que por su condición de vida hayan eventualmente abandonado la práctica religiosa. Por lo tanto, comparte con los párrocos (cf. can. 529§1) la solicitud pastoral hacia estos fieles en dificultad” (art. 1)

Estas normas disponen la posibilidad de que las diócesis establezcan una “estructura estable” a través de la cual se preste a los fieles el servicio de acompañamiento e investigación de su situación, por si fuera posible iniciar un proceso de declaración de nulidad. Servicio de consulta e investigación que será confiado por el Obispo “a personas consideradas idóneas, dotadas de competencias no sólo exclusivamente jurídico-canónicas” (art. 3)

Lo que quiero resaltar es que sin la aplicación de esta dimensión pastoral de la reforma, los cambios serán insuficientes: el Papa está exigiendo (no olvidemos que son normas jurídicas) que en las diócesis exista un servicio integrado en la pastoral familiar, formado por personas con preparación no sólo (pero también) canónica al servicio de las personas que se han alejado de la práctica religiosa como consecuencia de su situación matrimonial. En mi opinión, este acompañamiento (acogida, cercanía, escucha, búsqueda de soluciones y sanación de las heridas y, en su caso, preparación para acudir a un tribunal) podría hacerse desde los centros de orientación familiar. Pero hace falta un empeño, una voluntad clara, de promover los centros de orientación familiar, formar personas competentes, dar a conocer toda la ayuda que la orientación familiar presta y mejorar la formación de los sacerdotes para que conozcan todo esto y lo expliquen a los fieles. Es una tarea pendiente, pero el Papa lo pide: no se puede cumplir la ley a medias, hay que ponerla en práctica en su integridad.

 

Amor incondicional pero exigente

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La #familia es el lugar privilegiado en el que las personas nos hacemos mejores, amando y siendo amadas. Es un proyecto de vida que permite sacar de cada uno de sus miembros todo lo bueno que hay en ellos, en el amor. Nos hace mejores porque querer bien a los demás nos lleva a despojarnos del egoísmo, a renunciar a la propia satisfacción para priorizar el bien de las personas a las que amamos.

Es verdad que en la familia recibimos un amor incondicional, nos quieren como somos, sólo por existir. Pero, al mismo tiempo, el amor es exigente: es ayuda mutua para el perfeccionamiento recíproco de cada uno de los miembros de la familia. Querer bien a los demás es querer su bien de forma efectiva y práctica, ayudarles a que todo lo bueno que hay en ellos se haga realidad. Por tanto, un amor que es incondicional pero al mismo tiempo exigente. Exigencia que, muchas veces, supone un esfuerzo tanto en quien exige como en quien se ve enfrentado a responder a esa petición de mejorar. Y es que el amor nos hace ver todo lo bueno que hay en el amado, ese “mejor tú preciosísimo” (en palabras de Pedro Salinas) que el amor hace posible.

 

Perdóname por ir así buscándote

tan torpemente, dentro

de ti.

Perdóname el dolor alguna vez.

Es que quiero sacar

de ti tu mejor tú.

Ese que no te viste y que yo veo,

nadador por tu fondo, preciosísimo.

Y cogerlo

y tenerlo yo en alto como tiene

el árbol la luz última

que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú

en su busca vendrías, a lo alto.

Para llegar a él

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies,

en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo

de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces le conteste

la nueva criatura que tú eras. .

PEDRO SALINAS.- “Perdóname por ir así buscándote…»(de La voz a ti debida)

 

El Hijo de José

A los padres muchas veces los conocemos a través de sus hijos.
Contemplo en José la fortaleza; la generosidad que no se aferra a los propios planes y la confianza en Dios; la perseverancia en el amor, a pesar de las dificultades. La dulzura al tratar a los niños, la delicadeza al dirigirse a una mujer. El respeto a la persona a pesar de conductas equivocadas. La oración continua.
Porque los niños aprenden de sus padres. Y lo veo en Jesús, el Hijo de José.

«Nos casamos» ¿de verdad?

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La reforma del proceso de declaración de nulidad de matrimonio pone encima de la mesa otra reforma pendiente y necesaria: la preparación y admisión al matrimonio. El comentario generalizado «casi todos los matrimonios que se celebran son nulos» no nos puede dejar indiferentes: no podemos celebrar matrimonios que no lo son, eso no es un servicio a la verdad y es además causa de mucho sufrimiento.

Lo que tenemos que hacer es ayudar a los novios a contraer un matrimonio válido. De esta forma, cuando unos novios se acercan a la Iglesia para casarse lo primero que hay que hacer es alegrarse: ¡qué bueno que os queráis! ¡toda la Iglesia se alegra con vosotros de este amor! Pero el paso siguiente es ayudarles a tener claro si, de verdad, saben lo que piden cuando solicitan casarse.

Si lo que los novios quieren vivir es un amor que les lleva a ser una sola carne (no puedo vivir sin ti); siendo especiales y preferidos uno para otro (fiel); siendo un regalo uno para otro, siempre (indisoluble); viviendo de ese amor que da la vida (amor fecundo), entonces ese amor elegido libre, consciente y voluntariamente es un amor matrimonial (que además entre bautizados es sacramento). La Iglesia es testigo y reconoce ese amor matrimonial y debe ser también ayuda para poder vivirlo.

Pero si no lo quieren así, si los novios consideran que alguna de estas características del amor matrimonial no son un don sino una carga, habrá que profundizar para entenderlo antes de poder elegirlo: lo que la Iglesia propone es un camino, las indicaciones para vivir un amor matrimonial auténtico. Esto hay que decirlo claramente: “Novios, si vuestro amor no es así, será un amor distinto, dará lugar a una relación de otro tipo, pero no será matrimonio”

Mi consejo es: si lo tenéis claro, habladlo mucho entre vosotros para que los dos sepáis que cuando habláis de matrimonio habláis de lo mismo. Si tenéis dudas, habladlo mucho: qué dudas tenéis, qué os provoca esas dudas, qué hay que hacer para que las dudas se solucionen… Y, si no queréis un amor así, habladlo también. No os engañéis a vosotros mismos y, sobre todo, no engañéis a la persona que está junto a vosotros decidida a entregaros la vida entera, porque de esto sólo saldrá sufrimiento.

Y pedid a la Iglesia que os acompañe (acompañemos) en el camino, con el tiempo que necesitéis para entender qué es el matrimonio y poder elegirlo libremente; entonces sí, celebrad vuestro matrimonio como un don de amor definitivo ante la Iglesia, testigo de vuestra voluntad de quereros para siempre, y ante Dios que garantiza con su presencia que vuestro amor es verdad.

 

 

 

 

Entra en vigor la reforma del proceso canónico

El próximo día 8 de diciembre de 2015 entra en vigor la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio establecida por el Papa Francisco en el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus.

La reforma es consecuencia de la conciencia que hay en la Iglesia, desde el pontificado de Benedicto XVI, de la necesidad de agilizar los procesos para que los fieles puedan conocer lo más rápidamente posible cuál es su situación personal; siempre teniendo claro que la rapidez no puede ir en detrimento de la verdad y, por tanto, del respeto a la indisolubilidad del matrimonio.

Qué cosas no cambian con esta reforma:

En principio se mantiene gran parte del proceso tal y como estaba regulado: no se crean nuevas causas o motivos por los que un matrimonio puede ser declarado nulo; se mantiene el carácter declarativo de las sentencias, la naturaleza judicial del proceso, la intervención del Defensor del Vínculo y el derecho de apelación de las partes y del Defensor del Vínculo. También se mantiene como principio general que el Tribunal debe estar formado por tres jueces.

Novedades:

Se refuerza la conciencia de la dimensión pastoral del proceso y del trabajo de los tribunales, que debe insertarse en la pastoral familiar diocesana. Y se revaloriza el papel del Obispo como juez de la Diócesis, bien juzgando directamente, bien a través de la constitución del tribunal y la designación de sus miembros (con formación técnica y sensibilidad pastoral), estableciendo asimismo el deber del Obispo de “seguir con afán apostólico a los cónyuges separados o divorciados que por su condición de vida han abandonado eventualmente la práctica religiosa”. Se amplía la posibilidad de nombrar jueces laicos para formar el tribunal colegial siempre que el presidente sea un juez clérigo; y, en caso de no poder constituir un tribunal de tres jueces, cabe nombrar un único juez clérigo.

Cambios principales:

Se suprime la necesidad de la doble sentencia conforme: si la sentencia del tribunal de primera instancia declara que consta la nulidad de un matrimonio, esa sentencia será firme y ejecutiva sin necesidad de ser confirmada por un tribunal superior, salvo apelación de una de las partes o del Defensor del Vínculo.

Se introduce la posibilidad de un proceso más breve, ante el Obispo, siempre que se cumplan unos requisitos muy estrictos que deben darse, además, simultáneamente: la demanda debe ser presentada por ambos cónyuges o por uno con consentimiento del otro; y, de las pruebas aportadas con la demanda, la nulidad debe ser evidente. En este proceso, la sentencia es del Obispo, si llega a la certeza moral de la nulidad del matrimonio; en caso contrario, la causa pasa a tramitarse por el proceso ordinario. La sentencia del Obispo es apelable por las partes y por el Defensor del Vínculo.

Estas normas, como ya se ha dicho, entran en vigor el próximo día 8 de diciembre y, por tanto, las sentencias afirmativas de la nulidad que se publiquen a partir de esa fecha no pasarán a segunda instancia si no hay apelación.

La reforma establece otro cambio que, probablemente, tardará un poco más en ponerse en marcha: procurar, en la medida de lo posible, que los procesos sean gratuitos. Si bien hay que recordar que en España nadie se queda sin ser atendido por un Tribunal Eclesiástico por motivos económicos.

Abusos sexuales a menores: habla con tus hijos

El Tribunal Supremo presenta los datos de abusos sexuales a menores en España http://www.abc.es/espana/abci-abusos-sexuales-menores-si-cuentas-no-creer-dire-provocado-201511220254_noticia.HTML  Es muy preocupante porque la mayoría de los casos se producen en el entorno familiar.

La mejor forma de prevenir los abusos es hablar con los hijos, desde pequeños. Adaptando el lenguaje a su edad, creando un clima de confianza en casa que haga fácil que los niños pregunten sus dudas sobre el cuerpo y las manifestaciones de afecto.

Señalo algunas pistas que creo pueden ayudar a padres de niños de infantil y primaria a tratar estos temas:

Hay que ayudar a los niños a descubrir que su cuerpo tiene un valor infinito, porque el cuerpo es la persona.  El cuerpo no es algo ajeno a mí, el cuerpo soy yo. Por eso, mi cuerpo es un tesoro y tiene el mismo valor que la persona: infinito.

Como el cuerpo es un tesoro, lo cuidamos y protegemos: higiene, alimentación adecuada, ordenar los horarios (necesitas juego, estudio descanso). Y lo respetamos: los niños deben tener claro que lo que hago al cuerpo se lo hago a la persona; por eso, no se pega ni se hace daño al cuerpo de ninguna persona. Si ves que alguien hace daño a un amigo, cuéntalo. Si te hacen daño a ti, cuéntalo.

El cuerpo nos sirve también para expresarnos: si queremos a alguien, le damos un abrazo o un beso. Pero nuestros abrazos y besos tienen un gran valor: no se los damos a cualquiera, sólo a quien nosotros queremos. Por eso, si un mayor (o cualquier persona) te pide un abrazo o un beso, no tienes que dárselo si tú no quieres. Si te lo piden, cuéntaselo a papá y mamá para que ellos lo sepan: porque nadie tiene que tocarte, abrazarte ni besarte si tú no quieres. Además, los besos y abrazos son un regalo y tan valioso que no se pueden comprar: no des abrazos ni besos a cambio de chuches o cualquier otro regalo; y, si te los quieren comprar, cuéntalo.

Es importante aprender a decir NO: p.ej. si un compañero te pide un día el bocadillo, darle la mitad es compartir y eso es bueno. Si todos los días te pide el bocadillo o te lo exige como una obligación, es un abusón, se aprovecha de ti.

Y, sobre todo, si alguien te pide algo que es “de mayores” o que no sabes lo que es, díselo a tus padres para que te ayuden a entender si eso que te piden es bueno o malo. Nadie tiene derecho a pedirte algo que tú no quieres. Si le has dado un abrazo, un beso a un mayor, y tú no querías; o si te has quedado preocupado, cuéntalo: tú no tienes nada de qué avergonzarte y papá y mamá siempre están para ayudarte a entender las cosas.

Además de hablar con nuestros hijos abiertamente de estos temas y responder a sus preguntas y dudas, es importante que puedan contar siempre lo que hacen, lo que piensan, lo que les preocupa: si cuentan algo que te asusta o te preocupa, no les regañes. Déjales que lo cuenten porque si te asustas o les regañas, no se atreverán a contar nada más. Ponte de su lado, que sepan que les crees. Y después, pide ayuda y toma medidas urgentes.

 

Y ¿si no es nulo?

Estoy estudiando un informe psicológico dentro de un proceso de nulidad de matrimonio; y me sitúa, de golpe, ante una realidad incómoda: que no todos los matrimonios que se rompen son nulos.

El informe afirma que la falta de una adecuada planificación de estrategias de resolución de conflictos conyugales y la carencia de una mediación externa dio lugar a que los problemas desembocaran en una ruptura que podría haber sido evitada.

Y es no podemos considerar el proceso como la principal solución ante una ruptura matrimonial; nos dejamos por el camino otras ayudas de prevención y de resolución de dificultades conyugales que podrían evitar muchas rupturas. Y que, incluso si no las evitan, ayudan a vivir de otra forma las separaciones. Tenemos por delante mucho camino, hay que acercar la orientación y mediación familiar a las personas, dar respuestas concretas cuando se enfrentan a dificultades en sus relaciones.

Por otro lado, los procesos de nulidad de matrimonio son declarativos; por tanto, si no se prueba que un matrimonio es nulo, la sentencia tendrá que afirmar que no consta la nulidad. Lo sabemos, pero cuesta enfrentarse a esta realidad. Hay varios aspectos que me vienen de golpe a la cabeza:

  • ¿quién y cómo va a notificar al interesado una sentencia negativa?
  • ¿cómo va a reaccionar la persona que está esperando esta sentencia, cuando vea que es contraria a lo que esperaba?
  • ¿estamos preparados para acompañar, humana-psicológica-jurídica y espiritualmente a esta persona?

Creo que no, que no estamos preparados; y es urgente ese acompañamiento (tan de moda pero ¿vacío de contenido concreto?) que a veces es estar callado y escuchar; otras, indicar el camino a seguir; otras, seguir, sostener y dar ánimo (Relatio n.77). Y, siempre, sufrir con quien sufre. Y en los procesos de declaración de nulidad, hay mucho sufrimiento que acompañar.

 

 

“Te vas a caer”

«Si a tu hijo le dices antes de una carrera: `te vas a caer, tú no vales para esto´, ese niño se va a caer. Pero ¿y si le dices: corre, tú puedes; y, si te caes, aquí estoy para levantarte? » El anuncio de un empresa de seguros me hace pensar cuántas veces pronosticamos fracasos en lugar de apoyar el esfuerzo.

Apliquemos esto al matrimonio: si decimos a los jóvenes «el matrimonio y la familia son un imposible, se rompen»; posiblemente se van a romper. Pero ¿y si les decimos: adelante, merece la pena? ¡Tú puedes; y además, si te caes, aquí estoy para levantarte!

Hay que volver a dar protagonismo a todo lo bueno de la vida matrimonial y familiar y apoyar a quienes quieren elegirlo; empezando por pensar si sabemos proponerlo como una opción de vida que merece la pena y que es posible, o si nos quedamos en la queja y nos limitamos a enumerar todas las dificultades que pueden aparecer a lo largo de la vida.

Pero proponer no es suficiente: también tiene que ser real el compromiso de estar ahí si las cosas salen mal y de prestar una ayuda eficaz. Y para eso hacen falta medidas concretas de apoyo; entre ellas, orientación y mediación familiar, herramientas con un gran potencial que está por desarrollar.

Familia: ¡Tú puedes; y, si te caes, aquí estoy para levantarte!

 

 

Después del Sínodo de la Familia

Ha terminado el Sínodo de los Obispos: durante tres semanas, la atención de la Iglesia y también de gran parte de la sociedad se ha centrado en la familia. Es verdad que, en este tiempo, se han escuchado muchas quejas y dificultades: los problemas a los que se enfrentan las familias, que a veces parecen sin solución; la necesidad de hacer algo para cambiar las cosas; y la dificultad, por qué no reconocerlo, de ponernos de acuerdo para hacer las cosas juntos sin imponer los propios criterios.

Y, sin embargo, el texto final es un grito de esperanza: los Padres Sinodales reconocen que la familia sigue siendo lo más importante para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de todo el mundo. Y el mejor lugar para crecer, amados por nosotros mismos.

Señalan también medidas para ayudar a vivir mejor la vida de familia; medidas que son igualmente aplicables, en su mayoría, desde cualquier institución no confesional: preparar a los jóvenes para la vida de familia; apoyar los primeros años de matrimonio, siempre delicados; atender con especial cuidado y urgencia a las familias en situación de riesgo (violencia, abusos, soledad…) mediante una red de ayudas concretas.

Estas medidas que apuntan los Padres Sinodales no pueden quedarse ahora en un documento, mera teoría. Exigen ser llevadas a la práctica: no será fácil (¿qué proyecto que merezca la pena dedicar toda la vida es fácil?), pero ya tenemos señalado un camino por el que podemos empezar a andar: y por esta vía, estoy convencida, más allá de las dificultades lo mejor para la familia está por venir

la luz

¿se pueden llevar bien el derecho y el matrimonio?

¿Qué tienen que ver el derecho y el matrimonio? ¿Se pueden llevar bien? Creo que, en un momento de gran confusión, es importante que alguien recuerde la verdad de las cosas. Y uno de los principales servicios del Derecho es recoger en la legislación la verdad sobre el matrimonio: no es la ley la que crea el matrimonio, es al contrario; el derecho debe reconocer la existencia del matrimonio por su importancia y beneficios para el conjunto de la sociedad y, en consecuencia, respetarlo y protegerlo.

Es verdad que el derecho no garantiza vivir un matrimonio en plenitud: pero recuerda lo que distingue el matrimonio de otras relaciones y  señala el camino para vivirlo, aunque después tendrá que ser llevado a plenitud por el espíritu (el Amor).

No hay que ver la relación entre el derecho y el matrimonio con desconfianza: no es verdad que la ley mata el amor. La ley debe reconocer, defender, proteger y promover lo que es consecuencia del amor.

Actualmente, creo que sólo en el derecho canónico se cumple esto: en las legislaciones civiles el matrimonio ha ido perdiendo contenido, pero el derecho de la Iglesia sigue recordando que las propiedades y elementos esenciales del matrimonio no son cargas, son dones; porque para la Iglesia, sin ninguna duda, el matrimonio es un bien inmenso

 

 

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