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Atracción, enamoramiento, amor comprometido

Esta mañana hablaba de atracción, enamoramiento, de relaciones afectivas con alumnas de Bachillerato. Y pensábamos en voz alta sobre estos aspectos:

El cuerpo es la persona en su visibilidad: es también lo más externo, lo primero que uno ve cuando te conoce (tus características físicas, si eres alto o bajo, guapo o no tanto, qué ropa vistes; los gestos que haces, cómo te comportas…) Todo esto dice cosas de ti. Pero es triste valorar a las personas por la fachada, quedarse en la superficie. Lo que atrae, lo que se ama, es la persona entera y hay que aprender a mirar más allá del aspecto físico.

Un poco más adentro de la persona encontramos lo que pensamos y lo que sentimos. Pero no siempre mostramos externamente nuestros pensamientos y sentimientos. Para compartirlos con alguien necesitamos confianza. Y, a veces, no queremos manifestar externamente lo que pensamos o sentimos; generalmente por sentirnos vulnerables si transparentamos nuestro interior ante alguien que no lo va a entender bien.

En el centro de la persona encontramos el corazón: todos tenemos deseos de ser felices y deseos de relación. El hombre, varón y mujer, es un ser para la relación: las relaciones, los encuentros con otras personas te ayudan a crecer, a adquirir conciencia de lo valioso que eres cuando otra persona aprecia en ti algo bueno. Ahora bien, hay relaciones y relaciones. Hay personas que no aprecian en ti lo que vales; eso no quita la verdad de tu valor, lo que indica es que la otra persona no ha sido capaz de ver en ti lo valioso que eres. Porque sólo desde el amor, quien te quiera, podrá apreciar todo lo bueno que hay en ti.

Y ya que hablamos de amor, podemos encontrar estos ingredientes en el recorrido del corazón:

  1. Atracción: lo que veo en otra persona me gusta, pero me fijo de momento en su aspecto externo. Por eso, la atracción es un primer ingrediente del amor pero no equivale al amor; y te puedes sentir atraído por varias personas al mismo tiempo.
  2. Enamoramiento: ya no me gusta una particularidad física, ahora me gusta toda la persona del otro. Es una dimensión involuntaria del amor: sin saber cómo ni por qué tu corazón y tu mente se encuentran invadidos por una persona que no ha pedido permiso para entrar. No puedes estar enamorado de varias personas a la vez (aunque podrás estarlo de distintas personas sucesivamente)
  3. ¿Es bueno enamorarse? Si te ayuda a estar mejor en casa, a ser más amigo de tus amigos y a centrarte en los estudios, sí. En cambio no es bueno si te aísla del resto de la realidad.
  4. Te quiero: es un paso más. Para pasar de estar enamorado a poder decir te quiero hace falta tiempo y conocerse, poder saber cómo es esa persona que se te coló en el corazón y la cabeza y valorar si hay posibilidad de un futuro juntos.
  5. Amor comprometido: más allá del te quiero está el amor comprometido, que es decir a la otra persona “contigo, en todo, para siempre”. Es distinto querer a una persona y elegir un amor comprometido; porque puedes querer mucho a alguien y no poder comprometerte a un amor definitivo. Por ejemplo, porque no estás preparado para asumir las consecuencias de ese amor (eres muy joven, estás estudiando, no estás preparada/o para acoger la nueva vida que pueda llegar como fruto de ese amor. O sí estás preparado pero aunque quieres mucho a la otra persona ves claro que sois totalmente distintos, que vuestra relación no os ayuda a ninguno de los dos y eliges, con razones fundadas, no seguir adelante)

Porque el amor no es seguir los impulsos de los sentimientos, el amor es maduro cuando lo que sentimos somos capaces de juzgarlo con la razón y de elegirlo con libertad, comprometiendo la voluntad. Los tres elementos son importantes: no es bueno dejarse llevar por los impulsos de los sentimientos, hay que valorar con la razón qué es esto que siento, si es bueno o no para mí y para ti y, una vez que pongo nombre a lo que siento y que la razón me dice sigue adelante (o no sigas), la voluntad ejecuta la decisión tomada.

Otro punto importante es que el ritmo del corazón es distinto al ritmo del cuerpo. Ya hemos dicho que el corazón necesita tiempo, conocerse y confianza para ir pasando por las distintas etapas del amor. El cuerpo, que expresa lo que llevamos en el interior, tiene un ritmo distinto, es mucho más rápido en sus reacciones. Y así resulta que cuando te sientes atraído hacia una persona, el cuerpo puede adelantar varias etapas y sugerirte un gesto que no se corresponde a la atracción sino al amor comprometido (dicho claramente: te gusta un chico/a y el cuerpo te dice –me apetece acostarme con él/ella). Y aquí tenemos una dificultad: que hoy, la norma de comportamiento es “si me apetece”. Pero la libertad no es hacer lo que me apetece, es escoger lo que es un bien verdadero. Y hay que ayudar al cuerpo a acompasar su ritmo al ritmo del corazón, aprender a expresar con los gestos adecuados la verdad que vives en tu corazón. Si estás en un momento en que sientes atracción hacia otra persona y tienes una relación sexual con ella, el gesto que haces con el cuerpo expresa un amor comprometido, definitivo, en todo y para siempre. Y si eso no se corresponde con la verdad del corazón, en la que sólo encontramos atracción (muy lejos del amor comprometido), el cuerpo y el corazón no van al unísono y nos encontramos divididos: decimos con el cuerpo cosas distintas de lo que realmente vivimos. Esto produce heridas en la persona a la que le expresamos físicamente algo que no es verdad. Y deja heridas en uno mismo, porque vivir dividido es muy difícil.

Por eso, recuerda que el amor maduro es el que es capaz de juzgar con la razón lo que siente y de elegirlo desde la libertad comprometiendo la voluntad. Y ordena los gestos del cuerpo para expresar la verdad de lo que vives en el corazón.

 

 

Matrimonio: realidad, no mero ideal

El discurso del Papa al Tribunal de la Rota Romana de este año 2016 ha pasado casi desapercibido (esas traducciones de la web de la Santa Sede, que tardan…) en un año en que se pone en marcha la reforma del proceso de nulidad y estamos esperando la Exhortación Apostólica en la que el Papa nos indique cómo poner en práctica las conclusiones del sínodo sobre la familia.

En su discurso a los jueces de la Rota Romana el Papa afirma que “la Iglesia puede mostrar el amor misericordioso de Dios hacia las familias, especialmente las heridas por el pecado y las dificultades de la vida, y al mismo tiempo proclamar la irrenunciable verdad del matrimonio según el designio de Dios”. De nuevo el Papa recuerda la unión inseparable entre misericordia y verdad, verdad y misericordia, sin quedarnos sólo en uno de los dos aspectos.

Tal vez por eso, porque a veces nos quedamos con uno de los dos y obviamos el otro, el Papa afirma claramente que “La Iglesia con renovado sentido de responsabilidad, sigue proponiendo el matrimonio, en sus elementos esenciales (prole, bien de los cónyuges, unidad, indisolubilidad, sacramentalidad), no como un ideal para pocos, a pesar de los modernos modelos centrados en lo efímero y pasajero, sino como una realidad que, en la gracia de Cristo, puede ser vivida por todos los fieles bautizados” Son palabras que interpelan: ¿de verdad creemos que lo que es difícil para nosotros es posible con la gracia de Dios? ¿Enseñamos esto en nuestras catequesis, y con nuestra vida? Tengo mis dudas; en todo caso, el Papa recuerda también que es una urgencia pastoral mejorar la preparación al matrimonio, con un nuevo catecumenado.

Porque hemos estado durante años pensando que nuestros jóvenes sabían lo que es el matrimonio, sin ver (¿o sin querer ver?) que los jóvenes van al matrimonio habiendo asimilado lo que las leyes civiles dicen que es el matrimonio, que no coincide con la verdad del matrimonio natural ni del matrimonio canónico. Por eso, la falta de fe puede tener repercusiones en la validez o nulidad de un matrimonio: no tanto porque los contrayentes sean más o menos creyentes, sino porque la falta de formación en la fe puede llevarles a no conocer qué es el matrimonio y a contraer un “matrimonio a medida”; en el que por ejemplo no se admita que la unión sea para siempre porque se asume como cierto lo que la mentalidad general y las leyes afirman:  que “un matrimonio es una unión que se puede romper a voluntad de una de las partes”

Y aquí se nos plantea otra cuestión: ¿la formación en la fe que damos garantiza que nuestros jóvenes sepan qué es de verdad el matrimonio, con sus propiedades y elementos esenciales, para poder casarse válidamente conociendo y aceptando esas propiedades y fines?  ¿Y confiando en que lo que es difícil con las solas fuerzas de los contrayentes, es posible con la gracia de Dios?

La respuesta la encuentro en las palabras del Papa: hace falta un nuevo itinerario catequético de preparación al matrimonio.

Cuanto antes, mejor.

Reforma del proceso de nulidad: una dimensión pastoral

El pasado 8 de diciembre de 2015 entró en vigor la reforma del proceso de declaración de nulidad de matrimonio establecida por el Papa Francisco en el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus

En conformidad con la nueva regulación los tribunales ya han introducido cambios: tal vez el más llamativo es la revisión (a la baja) o eliminación total de las tasas, que ha producido ya un aumento de las personas que acuden al tribunal solicitando información para iniciar un proceso; inicio que es ahora más sencillo dado que se puede acudir al tribunal más cercano al domicilio del demandante. Además, las sentencias afirmativas de la nulidad dictadas por un tribunal de primera instancia ya no se envían automáticamente al tribunal superior, sino que son firmes y ejecutivas si no hay apelación de las partes o el defensor del vínculo.

Todo esto está muy bien: se logra en parte el objetivo de facilitar a los fieles el acceso a los tribunales de la Iglesia, acelerar la tramitación de los procesos (aunque tal vez se produzca un colapso, consecuencia de un aumento significativo del trabajo si debe ser realizado con los mismos medios y número de jueces) y que los fieles puedan tener respuesta sobre su situación personal en el menor tiempo posible, respetando siempre la verdad sobre el matrimonio.

Pero en la reforma del Papa Francisco hay otra dimensión que tal vez está pasando desapercibida: el Papa establece unas reglas para la correcta aplicación de la ley. En ellas se refuerza la conciencia de la dimensión pastoral del proceso y del trabajo de los tribunales y se recuerda expresamente el deber del Obispo (can. 383§1) de “acompañar con ánimo apostólico a los cónyuges separados o divorciados, que por su condición de vida hayan eventualmente abandonado la práctica religiosa. Por lo tanto, comparte con los párrocos (cf. can. 529§1) la solicitud pastoral hacia estos fieles en dificultad” (art. 1)

Estas normas disponen la posibilidad de que las diócesis establezcan una “estructura estable” a través de la cual se preste a los fieles el servicio de acompañamiento e investigación de su situación, por si fuera posible iniciar un proceso de declaración de nulidad. Servicio de consulta e investigación que será confiado por el Obispo “a personas consideradas idóneas, dotadas de competencias no sólo exclusivamente jurídico-canónicas” (art. 3)

Lo que quiero resaltar es que sin la aplicación de esta dimensión pastoral de la reforma, los cambios serán insuficientes: el Papa está exigiendo (no olvidemos que son normas jurídicas) que en las diócesis exista un servicio integrado en la pastoral familiar, formado por personas con preparación no sólo (pero también) canónica al servicio de las personas que se han alejado de la práctica religiosa como consecuencia de su situación matrimonial. En mi opinión, este acompañamiento (acogida, cercanía, escucha, búsqueda de soluciones y sanación de las heridas y, en su caso, preparación para acudir a un tribunal) podría hacerse desde los centros de orientación familiar. Pero hace falta un empeño, una voluntad clara, de promover los centros de orientación familiar, formar personas competentes, dar a conocer toda la ayuda que la orientación familiar presta y mejorar la formación de los sacerdotes para que conozcan todo esto y lo expliquen a los fieles. Es una tarea pendiente, pero el Papa lo pide: no se puede cumplir la ley a medias, hay que ponerla en práctica en su integridad.

 

Amor incondicional pero exigente

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La #familia es el lugar privilegiado en el que las personas nos hacemos mejores, amando y siendo amadas. Es un proyecto de vida que permite sacar de cada uno de sus miembros todo lo bueno que hay en ellos, en el amor. Nos hace mejores porque querer bien a los demás nos lleva a despojarnos del egoísmo, a renunciar a la propia satisfacción para priorizar el bien de las personas a las que amamos.

Es verdad que en la familia recibimos un amor incondicional, nos quieren como somos, sólo por existir. Pero, al mismo tiempo, el amor es exigente: es ayuda mutua para el perfeccionamiento recíproco de cada uno de los miembros de la familia. Querer bien a los demás es querer su bien de forma efectiva y práctica, ayudarles a que todo lo bueno que hay en ellos se haga realidad. Por tanto, un amor que es incondicional pero al mismo tiempo exigente. Exigencia que, muchas veces, supone un esfuerzo tanto en quien exige como en quien se ve enfrentado a responder a esa petición de mejorar. Y es que el amor nos hace ver todo lo bueno que hay en el amado, ese “mejor tú preciosísimo” (en palabras de Pedro Salinas) que el amor hace posible.

 

Perdóname por ir así buscándote

tan torpemente, dentro

de ti.

Perdóname el dolor alguna vez.

Es que quiero sacar

de ti tu mejor tú.

Ese que no te viste y que yo veo,

nadador por tu fondo, preciosísimo.

Y cogerlo

y tenerlo yo en alto como tiene

el árbol la luz última

que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú

en su busca vendrías, a lo alto.

Para llegar a él

subida sobre ti, como te quiero,

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies,

en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo

de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces le conteste

la nueva criatura que tú eras. .

PEDRO SALINAS.- “Perdóname por ir así buscándote…»(de La voz a ti debida)

 

El Hijo de José

A los padres muchas veces los conocemos a través de sus hijos.
Contemplo en José la fortaleza; la generosidad que no se aferra a los propios planes y la confianza en Dios; la perseverancia en el amor, a pesar de las dificultades. La dulzura al tratar a los niños, la delicadeza al dirigirse a una mujer. El respeto a la persona a pesar de conductas equivocadas. La oración continua.
Porque los niños aprenden de sus padres. Y lo veo en Jesús, el Hijo de José.

«Nos casamos» ¿de verdad?

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La reforma del proceso de declaración de nulidad de matrimonio pone encima de la mesa otra reforma pendiente y necesaria: la preparación y admisión al matrimonio. El comentario generalizado «casi todos los matrimonios que se celebran son nulos» no nos puede dejar indiferentes: no podemos celebrar matrimonios que no lo son, eso no es un servicio a la verdad y es además causa de mucho sufrimiento.

Lo que tenemos que hacer es ayudar a los novios a contraer un matrimonio válido. De esta forma, cuando unos novios se acercan a la Iglesia para casarse lo primero que hay que hacer es alegrarse: ¡qué bueno que os queráis! ¡toda la Iglesia se alegra con vosotros de este amor! Pero el paso siguiente es ayudarles a tener claro si, de verdad, saben lo que piden cuando solicitan casarse.

Si lo que los novios quieren vivir es un amor que les lleva a ser una sola carne (no puedo vivir sin ti); siendo especiales y preferidos uno para otro (fiel); siendo un regalo uno para otro, siempre (indisoluble); viviendo de ese amor que da la vida (amor fecundo), entonces ese amor elegido libre, consciente y voluntariamente es un amor matrimonial (que además entre bautizados es sacramento). La Iglesia es testigo y reconoce ese amor matrimonial y debe ser también ayuda para poder vivirlo.

Pero si no lo quieren así, si los novios consideran que alguna de estas características del amor matrimonial no son un don sino una carga, habrá que profundizar para entenderlo antes de poder elegirlo: lo que la Iglesia propone es un camino, las indicaciones para vivir un amor matrimonial auténtico. Esto hay que decirlo claramente: “Novios, si vuestro amor no es así, será un amor distinto, dará lugar a una relación de otro tipo, pero no será matrimonio”

Mi consejo es: si lo tenéis claro, habladlo mucho entre vosotros para que los dos sepáis que cuando habláis de matrimonio habláis de lo mismo. Si tenéis dudas, habladlo mucho: qué dudas tenéis, qué os provoca esas dudas, qué hay que hacer para que las dudas se solucionen… Y, si no queréis un amor así, habladlo también. No os engañéis a vosotros mismos y, sobre todo, no engañéis a la persona que está junto a vosotros decidida a entregaros la vida entera, porque de esto sólo saldrá sufrimiento.

Y pedid a la Iglesia que os acompañe (acompañemos) en el camino, con el tiempo que necesitéis para entender qué es el matrimonio y poder elegirlo libremente; entonces sí, celebrad vuestro matrimonio como un don de amor definitivo ante la Iglesia, testigo de vuestra voluntad de quereros para siempre, y ante Dios que garantiza con su presencia que vuestro amor es verdad.

 

 

 

 

Entra en vigor la reforma del proceso canónico

El próximo día 8 de diciembre de 2015 entra en vigor la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad del matrimonio establecida por el Papa Francisco en el Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus.

La reforma es consecuencia de la conciencia que hay en la Iglesia, desde el pontificado de Benedicto XVI, de la necesidad de agilizar los procesos para que los fieles puedan conocer lo más rápidamente posible cuál es su situación personal; siempre teniendo claro que la rapidez no puede ir en detrimento de la verdad y, por tanto, del respeto a la indisolubilidad del matrimonio.

Qué cosas no cambian con esta reforma:

En principio se mantiene gran parte del proceso tal y como estaba regulado: no se crean nuevas causas o motivos por los que un matrimonio puede ser declarado nulo; se mantiene el carácter declarativo de las sentencias, la naturaleza judicial del proceso, la intervención del Defensor del Vínculo y el derecho de apelación de las partes y del Defensor del Vínculo. También se mantiene como principio general que el Tribunal debe estar formado por tres jueces.

Novedades:

Se refuerza la conciencia de la dimensión pastoral del proceso y del trabajo de los tribunales, que debe insertarse en la pastoral familiar diocesana. Y se revaloriza el papel del Obispo como juez de la Diócesis, bien juzgando directamente, bien a través de la constitución del tribunal y la designación de sus miembros (con formación técnica y sensibilidad pastoral), estableciendo asimismo el deber del Obispo de “seguir con afán apostólico a los cónyuges separados o divorciados que por su condición de vida han abandonado eventualmente la práctica religiosa”. Se amplía la posibilidad de nombrar jueces laicos para formar el tribunal colegial siempre que el presidente sea un juez clérigo; y, en caso de no poder constituir un tribunal de tres jueces, cabe nombrar un único juez clérigo.

Cambios principales:

Se suprime la necesidad de la doble sentencia conforme: si la sentencia del tribunal de primera instancia declara que consta la nulidad de un matrimonio, esa sentencia será firme y ejecutiva sin necesidad de ser confirmada por un tribunal superior, salvo apelación de una de las partes o del Defensor del Vínculo.

Se introduce la posibilidad de un proceso más breve, ante el Obispo, siempre que se cumplan unos requisitos muy estrictos que deben darse, además, simultáneamente: la demanda debe ser presentada por ambos cónyuges o por uno con consentimiento del otro; y, de las pruebas aportadas con la demanda, la nulidad debe ser evidente. En este proceso, la sentencia es del Obispo, si llega a la certeza moral de la nulidad del matrimonio; en caso contrario, la causa pasa a tramitarse por el proceso ordinario. La sentencia del Obispo es apelable por las partes y por el Defensor del Vínculo.

Estas normas, como ya se ha dicho, entran en vigor el próximo día 8 de diciembre y, por tanto, las sentencias afirmativas de la nulidad que se publiquen a partir de esa fecha no pasarán a segunda instancia si no hay apelación.

La reforma establece otro cambio que, probablemente, tardará un poco más en ponerse en marcha: procurar, en la medida de lo posible, que los procesos sean gratuitos. Si bien hay que recordar que en España nadie se queda sin ser atendido por un Tribunal Eclesiástico por motivos económicos.

Abusos sexuales a menores: habla con tus hijos

El Tribunal Supremo presenta los datos de abusos sexuales a menores en España http://www.abc.es/espana/abci-abusos-sexuales-menores-si-cuentas-no-creer-dire-provocado-201511220254_noticia.HTML  Es muy preocupante porque la mayoría de los casos se producen en el entorno familiar.

La mejor forma de prevenir los abusos es hablar con los hijos, desde pequeños. Adaptando el lenguaje a su edad, creando un clima de confianza en casa que haga fácil que los niños pregunten sus dudas sobre el cuerpo y las manifestaciones de afecto.

Señalo algunas pistas que creo pueden ayudar a padres de niños de infantil y primaria a tratar estos temas:

Hay que ayudar a los niños a descubrir que su cuerpo tiene un valor infinito, porque el cuerpo es la persona.  El cuerpo no es algo ajeno a mí, el cuerpo soy yo. Por eso, mi cuerpo es un tesoro y tiene el mismo valor que la persona: infinito.

Como el cuerpo es un tesoro, lo cuidamos y protegemos: higiene, alimentación adecuada, ordenar los horarios (necesitas juego, estudio descanso). Y lo respetamos: los niños deben tener claro que lo que hago al cuerpo se lo hago a la persona; por eso, no se pega ni se hace daño al cuerpo de ninguna persona. Si ves que alguien hace daño a un amigo, cuéntalo. Si te hacen daño a ti, cuéntalo.

El cuerpo nos sirve también para expresarnos: si queremos a alguien, le damos un abrazo o un beso. Pero nuestros abrazos y besos tienen un gran valor: no se los damos a cualquiera, sólo a quien nosotros queremos. Por eso, si un mayor (o cualquier persona) te pide un abrazo o un beso, no tienes que dárselo si tú no quieres. Si te lo piden, cuéntaselo a papá y mamá para que ellos lo sepan: porque nadie tiene que tocarte, abrazarte ni besarte si tú no quieres. Además, los besos y abrazos son un regalo y tan valioso que no se pueden comprar: no des abrazos ni besos a cambio de chuches o cualquier otro regalo; y, si te los quieren comprar, cuéntalo.

Es importante aprender a decir NO: p.ej. si un compañero te pide un día el bocadillo, darle la mitad es compartir y eso es bueno. Si todos los días te pide el bocadillo o te lo exige como una obligación, es un abusón, se aprovecha de ti.

Y, sobre todo, si alguien te pide algo que es “de mayores” o que no sabes lo que es, díselo a tus padres para que te ayuden a entender si eso que te piden es bueno o malo. Nadie tiene derecho a pedirte algo que tú no quieres. Si le has dado un abrazo, un beso a un mayor, y tú no querías; o si te has quedado preocupado, cuéntalo: tú no tienes nada de qué avergonzarte y papá y mamá siempre están para ayudarte a entender las cosas.

Además de hablar con nuestros hijos abiertamente de estos temas y responder a sus preguntas y dudas, es importante que puedan contar siempre lo que hacen, lo que piensan, lo que les preocupa: si cuentan algo que te asusta o te preocupa, no les regañes. Déjales que lo cuenten porque si te asustas o les regañas, no se atreverán a contar nada más. Ponte de su lado, que sepan que les crees. Y después, pide ayuda y toma medidas urgentes.

 

Y ¿si no es nulo?

Estoy estudiando un informe psicológico dentro de un proceso de nulidad de matrimonio; y me sitúa, de golpe, ante una realidad incómoda: que no todos los matrimonios que se rompen son nulos.

El informe afirma que la falta de una adecuada planificación de estrategias de resolución de conflictos conyugales y la carencia de una mediación externa dio lugar a que los problemas desembocaran en una ruptura que podría haber sido evitada.

Y es no podemos considerar el proceso como la principal solución ante una ruptura matrimonial; nos dejamos por el camino otras ayudas de prevención y de resolución de dificultades conyugales que podrían evitar muchas rupturas. Y que, incluso si no las evitan, ayudan a vivir de otra forma las separaciones. Tenemos por delante mucho camino, hay que acercar la orientación y mediación familiar a las personas, dar respuestas concretas cuando se enfrentan a dificultades en sus relaciones.

Por otro lado, los procesos de nulidad de matrimonio son declarativos; por tanto, si no se prueba que un matrimonio es nulo, la sentencia tendrá que afirmar que no consta la nulidad. Lo sabemos, pero cuesta enfrentarse a esta realidad. Hay varios aspectos que me vienen de golpe a la cabeza:

  • ¿quién y cómo va a notificar al interesado una sentencia negativa?
  • ¿cómo va a reaccionar la persona que está esperando esta sentencia, cuando vea que es contraria a lo que esperaba?
  • ¿estamos preparados para acompañar, humana-psicológica-jurídica y espiritualmente a esta persona?

Creo que no, que no estamos preparados; y es urgente ese acompañamiento (tan de moda pero ¿vacío de contenido concreto?) que a veces es estar callado y escuchar; otras, indicar el camino a seguir; otras, seguir, sostener y dar ánimo (Relatio n.77). Y, siempre, sufrir con quien sufre. Y en los procesos de declaración de nulidad, hay mucho sufrimiento que acompañar.

 

 

“Te vas a caer”

«Si a tu hijo le dices antes de una carrera: `te vas a caer, tú no vales para esto´, ese niño se va a caer. Pero ¿y si le dices: corre, tú puedes; y, si te caes, aquí estoy para levantarte? » El anuncio de un empresa de seguros me hace pensar cuántas veces pronosticamos fracasos en lugar de apoyar el esfuerzo.

Apliquemos esto al matrimonio: si decimos a los jóvenes «el matrimonio y la familia son un imposible, se rompen»; posiblemente se van a romper. Pero ¿y si les decimos: adelante, merece la pena? ¡Tú puedes; y además, si te caes, aquí estoy para levantarte!

Hay que volver a dar protagonismo a todo lo bueno de la vida matrimonial y familiar y apoyar a quienes quieren elegirlo; empezando por pensar si sabemos proponerlo como una opción de vida que merece la pena y que es posible, o si nos quedamos en la queja y nos limitamos a enumerar todas las dificultades que pueden aparecer a lo largo de la vida.

Pero proponer no es suficiente: también tiene que ser real el compromiso de estar ahí si las cosas salen mal y de prestar una ayuda eficaz. Y para eso hacen falta medidas concretas de apoyo; entre ellas, orientación y mediación familiar, herramientas con un gran potencial que está por desarrollar.

Familia: ¡Tú puedes; y, si te caes, aquí estoy para levantarte!

 

 

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