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Después del Sínodo de la Familia

Ha terminado el Sínodo de los Obispos: durante tres semanas, la atención de la Iglesia y también de gran parte de la sociedad se ha centrado en la familia. Es verdad que, en este tiempo, se han escuchado muchas quejas y dificultades: los problemas a los que se enfrentan las familias, que a veces parecen sin solución; la necesidad de hacer algo para cambiar las cosas; y la dificultad, por qué no reconocerlo, de ponernos de acuerdo para hacer las cosas juntos sin imponer los propios criterios.

Y, sin embargo, el texto final es un grito de esperanza: los Padres Sinodales reconocen que la familia sigue siendo lo más importante para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de todo el mundo. Y el mejor lugar para crecer, amados por nosotros mismos.

Señalan también medidas para ayudar a vivir mejor la vida de familia; medidas que son igualmente aplicables, en su mayoría, desde cualquier institución no confesional: preparar a los jóvenes para la vida de familia; apoyar los primeros años de matrimonio, siempre delicados; atender con especial cuidado y urgencia a las familias en situación de riesgo (violencia, abusos, soledad…) mediante una red de ayudas concretas.

Estas medidas que apuntan los Padres Sinodales no pueden quedarse ahora en un documento, mera teoría. Exigen ser llevadas a la práctica: no será fácil (¿qué proyecto que merezca la pena dedicar toda la vida es fácil?), pero ya tenemos señalado un camino por el que podemos empezar a andar: y por esta vía, estoy convencida, más allá de las dificultades lo mejor para la familia está por venir

la luz

¿se pueden llevar bien el derecho y el matrimonio?

¿Qué tienen que ver el derecho y el matrimonio? ¿Se pueden llevar bien? Creo que, en un momento de gran confusión, es importante que alguien recuerde la verdad de las cosas. Y uno de los principales servicios del Derecho es recoger en la legislación la verdad sobre el matrimonio: no es la ley la que crea el matrimonio, es al contrario; el derecho debe reconocer la existencia del matrimonio por su importancia y beneficios para el conjunto de la sociedad y, en consecuencia, respetarlo y protegerlo.

Es verdad que el derecho no garantiza vivir un matrimonio en plenitud: pero recuerda lo que distingue el matrimonio de otras relaciones y  señala el camino para vivirlo, aunque después tendrá que ser llevado a plenitud por el espíritu (el Amor).

No hay que ver la relación entre el derecho y el matrimonio con desconfianza: no es verdad que la ley mata el amor. La ley debe reconocer, defender, proteger y promover lo que es consecuencia del amor.

Actualmente, creo que sólo en el derecho canónico se cumple esto: en las legislaciones civiles el matrimonio ha ido perdiendo contenido, pero el derecho de la Iglesia sigue recordando que las propiedades y elementos esenciales del matrimonio no son cargas, son dones; porque para la Iglesia, sin ninguna duda, el matrimonio es un bien inmenso

 

 

Derecho canónico y libertad

Me llega una invitación para asistir a un curso de actualización en derecho canónico. Sé que a muchos os parece una locura pero conocer lo que dice el derecho de la Iglesia es una gran ayuda para vivir el propio matrimonio y para ayudar a otras familias.

En aquellas primeras clases con el P. Diaz Moreno en ICADE, cuando todavía las facultades de Derecho incluían el Canónico en sus planes de estudio, empecé a conocer qué es el matrimonio (“la alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”, canon 1055) y porqué la Iglesia propone vivirlo de una determinada manera. Es verdad que la regulación legal es un mínimo, después el espíritu (el amor) debe llevar a plenitud la relación. Pero sin ese mínimo, no hay matrimonio.

En esos contenidos jurídicos se apuntaba ya que es posible vivir un amor comprometido, fiel, fecundo, indisoluble. Y que, además, es sacramento.

Algunos lo recibimos como un tesoro; otros, con incredulidad o poniendo en duda todo o parte de lo que oían. Pero a todos, conocerlo nos permitió elegir: ¿quieres o no una relación así? Porque sólo desde la libertad puede surgir el matrimonio.

El derecho canónico me ayudó a elegir y a estar segura de que lo mejor estaba por venir

La gran amenaza de la familia es la falta de esperanza

Entrevista Vida Nueva Redescubrir la familia

Nulidades matrimoniales: Acompañar la sentencia

El proceso de nulidad permite a una pareja conocer la verdad sobre el vículo matrimonial. A este proceso se llega normalmente después de mucho sufrimiento que necesita ser acompañado y sanado.

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