En un congreso sobre noviazgo, uno de los ponentes decía que hay que llegar a la boda estando los dos de acuerdo en todo lo que queremos para nuestro matrimonio. Os voy a contar por qué no comparto esa afirmación.

Tenemos que llegar a la boda estando de acuerdo con el tipo de relación que queremos para vivir nuestro amor. Así que habrá boda si lo que queremos es un matrimonio; si preferimos otro tipo de unión, no hay que llegar a la boda. Y, si nos casamos, tenemos que coincidir en una misma voluntad sobre los elementos fundantes de esa relación (para siempre, fecunda, en fidelidad), los que determinan qué tipo de relación vamos a construir juntos .

El «Totalmente» que marca la diferencia

Hay otros elementos de la vida matrimonial que son muy importantes, y durante el noviazgo tenemos que hablar mucho y con sinceridad para saber si los compartimos o, al menos, podemos respetarlos; pero no van a depender totalmente de nosotros (lo esencial aquí es ese “totalmente” que se repite en este post). Y, por eso mismo, no podemos llegar al matrimonio con un acuerdo cerrado sobre esos aspectos de nuestra vida juntos, que suelo llamar “la carta a los Reyes”. (Al final enumero algunos para ayudaros a pensar y hablar de ellos, pero adelanto un ejemplo, ¿queremos o no tener hijos? De nosotros sí depende abrirnos o no a recibir los hijos como un don; pero tenerlos no depende –totalmente– de nosotros).

Decisiones revisables

Otra diferencia con los elementos fundantes es que todas estas cuestiones de las que os hablo ahora no son decisiones definitivas: son acuerdos que hay que tomar juntos e ir revisando y adaptando a las circunstancias de la vida. Porque las circunstancias cambian, vamos a tener que revisarlas y tomar nuevas decisiones: son los puntos en los que se van a dar las crisis, que forman parte del crecimiento y madurez de una relación. Tendremos que examinar lo que funcionaba en unas circunstancias concretas y ver si, en una nueva situación, nos sigue sirviendo la misma decisión o hay que introducir cambios. Y eso no podemos hacerlo sin comunicación, sin llegar a acuerdos, sin reforzar nuestra unión: esto nos hace crecer en el amor. Retomando el ejemplo de los hijos, no es realista llegar al matrimonio con la decisión cerrada de cuántos hijos vamos a tener: primero porque, como he dicho, tal vez los hijos no vengan a pesar de todo lo que nosotros podamos hacer. Además, porque los niños se acogen -responsablemente- de uno en uno, teniendo en cuenta muchas circunstancias: la salud de los padres y los hijos, circunstancias económicas, psicológicas… Tal vez pensábamos tener una familia grande y tenemos que cambiar esa decisión o, al contrario, habíamos pensado en la parejita y pasado el tiempo nos abrimos a una familia numerosa.

¿Por qué conviene coincidir en líneas generales sobre estos temas, si no se pueda llegar a acuerdos muy concretos? Porque si entre los novios hay un acuerdo de fondo sobre estas cuestiones, será más fácil que se vayan adaptando -juntos- a lo que la vida les vaya ofreciendo a lo largo de su matrimonio.

Para reflexionar

Es importante saber qué pensáis sobre estos aspectos de vuestro proyecto de vida en común:

  • Hijos: ¿queremos o no tener hijos? Como decía antes, de nosotros sí depende abrirnos o no a recibir los hijos como un don; pero tenerlos no depende -totalmente- de nosotros. Una pareja puede desear ser padres, y los niños no llegan. Lo que sí podemos es plantearnos: si dependiera de nosotros ¿nos gustaría tener una familia pequeña o grande? ¿Cómo nos gustaría educar a los niños? ¿Qué pasaría si los niños no vienen? ¿Cómo vamos a vivir la sexualidad, la paternidad responsable?
  • La gestión económica: ¿cómo nos gustaría gestionar nuestro dinero? Si pudiéramos elegir, ¿nos gustaría trabajar a los dos fuera de casa o preferiríamos que uno esté en casa?
  • ¿Cómo nos gustaría que sea la relación con nuestras familias? ¿Y con los amigos? ¿Qué lugar ocupan en nuestro tiempo las aficiones?
  • ¿Compartimos creencias religiosas? ¿Podemos compartir nuestra vida espiritual? Si no podemos ¿podemos respetar las creencias del otro y todo lo que conllevan?
  • También puede haber cuestiones no negociables, que dependen de cada persona: hay cosas que, aunque cuesten, se pueden ir encajando. Otras, que nos producen una ruptura interior, no se pueden aceptar. Si en el noviazgo nos encontramos ante alguna “línea roja”, hay que plantearse la conveniencia de romper.

Y vosotros ¿cómo escribiríais esa carta a los Reyes? Si estuviera en vuestra mano ¿cómo os gustaría que fuera vuestra relación para compartir la vida? ¿Hay coincidencia con tu novio/a en lo fundamental? ¿O hay algo que para uno de los dos es esencial y el otro ni lo comparte ni lo respeta?