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Atrévete a ser frágil

En mi primera semana en Madrid después de las vacaciones asistí a la presentación de un libro de Alessandro D´Avenia (“Lo que el infierno no es” http://www.esferalibros.com/libro/lo-que-el-infierno-no-es/). Al llegar a la librería (abarrotada de gente muy joven), un amigo me dijo: presenta una novela, pero tiene un ensayo buenísimo (“El arte de la fragilidad” http://www.esferalibros.com/libro/el-arte-de-la-fragilidad/ )

Tengo que reconocer que pensé: un ensayo, así, llegando de vacaciones… en todo caso compraré la novela. Pero cuando el autor empezó a hablar, me encontré con alguien defendiendo apasionadamente que “la fragilidad es una bendición”. Esto me hizo saltar, porque es una voz contracorriente en un mundo que desprecia la debilidad y nos bombardea con el mensaje de que somos autosuficientes y podemos hacer las cosas solos. Frente a ese falso mantra, el autor insistía en que “los momentos de fragilidad, en que bajamos las defensas, son la vía por la que la ternura puede entrar en nuestra vida”.

Mientras escuchaba a @aledavenia decir a los jóvenes “cuando es enamoréis empezaréis a correr riesgos”, pensaba ¿cómo podrán vivir esto en una sociedad en la que hemos perdido de vista lo importante (el amor) para centrarnos en el éxito (que debe ser cuantificable económicamente o no es éxito)?; si constantemente recibimos este mensaje, contrario a lo que estaba escuchando: “todo depende de ti, no te fíes de nadie porque los demás son competidores; si quieres, puedes; lo que quieres tienes que conseguirlo por ti mismo” ¿cómo abrirse a otro en una relación de amor (de todo tipo, de la amistad al enamoramiento, vida en pareja, matrimonio, paternidad…) arriesgándonos a ser débiles y a sufrir por los amados, si vivimos de esta forma, aislándonos para ser fuertes?

Alessandro estaba ofreciendo una clave: una grieta que nos devuelve a lo importante es la fragilidad; cuando descubres en tu vida que el mensaje de autosuficiencia es mentira, que eres limitado, dependiente, frágil…. por ahí puede entrar en tu vida el amor, a través del cuidado de otras personas. Por tanto, sí, la fragilidad es una bendición porque nos abre a la verdad de lo que somos y da sentido a la vida.

¡Gracias, Alessandro!

Pd. Compré la novela…y el ensayo

María, la dignidad original restaurada

Dios creó al hombre (varón y mujer) a su imagen y semejanza, iguales en dignidad y llamados a vivir relaciones fundadas en el amor y, por tanto, en el mutuo respeto. El desorden provocado por el pecado original (no, no nos queda tan lejos; todos los días leemos noticias que dejan claro que también nuestra generación cree que sabe más que Dios) altera las relaciones y en lugar de la mutua admiración y donación aparece el afán de dominio, con consecuencias especialmente dolorosas para las mujeres.

En María Santísima se recupera la dignidad original: Ella toma sus propias decisiones (y no precisamente decisiones fáciles o sin importancia), sin necesidad de consejo ni autorización de un varón (ni su padre ni su esposo). Decisiones que no sólo son respetadas, sino que son compartidas y asumidas como propias por José, que la ama como ella quiere y debe ser querida. De la tensión, la lucha, el enfrentamiento, el sometimiento… al amor, el respeto, la admiración por el otro, el deseo de compartir la vida.

Vivir conforme al plan de Dios. Esta es la auténtica liberación de la mujer; y del varón.

 

Unificar la pastoral familiar

Se han publicado en las últimas semanas las respuestas a los cuestionarios del nuevo Plan Diocesano de Evangelización de Madrid. En esas respuestas, las acciones pastorales en las que se percibe mayor nivel de desánimo son: en primer lugar la pastoral del trabajo y dentro de la empresa. Después, por este orden: pastoral de jóvenes, de adolescentes, de postcomunión, pastoral educativa escolar y pastoral familiar. En todos estos ámbitos, las respuestas reflejan un grado de desánimo importante (superior al 4.34 en una valoración de 0 a 10)

 

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También se perciben muy poco aprovechadas para atraer a los alejados la pastoral educativa escolar, de postcomunión y pastoral familiar y la formación de los fieles cristianos.

Uno ambos datos y resulta evidente que las acciones diocesanas que provocan mayor desánimo y que además se perciben como poco aprovechadas para atraer a las personas alejadas de la Iglesia tienen que ver con la familia. Y me parece que los fieles que responden al cuestionario perciben una fragmentación en la atención a la familia en sus distintas etapas. ¿No son la pastoral de jóvenes, de adolescentes, de postcomunión y la pastoral educativa escolar, todas ellas, pastoral familiar? Será necesario, entonces, un proyecto de pastoral familiar integral, en el que la atención a la familia vertebre todos estos aspectos.

¿Qué propuestas concretas se pueden hacer para este plan integral de pastoral familiar en una diócesis? No sería difícil poner en marcha un plan de trabajo que incluya “la coordinación de la Delegación de Pastoral Familiar con las otras pastorales: de catequesis, de educación, juvenil, sanitaria, medios de comunicación, de emigración, del clero y religiosos, para la elaboración y realización de planes que les afecten conjuntamente, como son: la elaboración de materiales diocesanos de catequesis de familia y vida en las distintas etapas; la preparación de un plan de educación afectivo-sexual en los colegios católicos; la organización de “itinerarios de fe” para novios, cursos de formación permanente, etc.”.

“Además, el proyecto de pastoral familiar ha de incluir la preparación de cursos de formación de agentes de pastoral específicamente familiares, los cuales deben ser distintos en sus contenidos y programación de los de las escuelas de catequistas” y “la organización a nivel diocesano de la pastoral matrimonial en sus diversas etapas: con especial incidencia en el fomento de las escuelas de padres, los grupos de novios y los cursos prematrimoniales. Esta organización deberá asegurar la idónea formación de los agentes…” Finalmente, en este plan “el asesoramiento a las parroquias, en los casos de necesidad de asistencia a la familia, se realizará a través de los COF”; “para todo ello habrá que contar con el apoyo de personas especializadas, que puedan atender a los distintos campos de la vida familiar y que la delegación pueda ofrecer como ayuda concreta a las parroquias y movimientos. Provéase, para ello, como para la formación de los agentes, de los recursos personales y económicos suficientes.”

Me parecen criterios prácticos y realistas; que, además, están en perfecta sintonía con las indicaciones del Papa en Amoris Laetitia. Lo que me preocupa es que las citas son párrafos literales del Directorio de Pastoral Familiar de la Iglesia en España, del año 2003; y todavía estamos dando vueltas a cómo aplicarlo adecuadamente. Que no lo hacemos bien lo confirman la percepción y el desánimo de los fieles.

 

El abogado en los procesos de declaración de nulidad de matrimonio

Un aspecto esencial en los procesos de declaración de nulidad de matrimonio es el trabajo del abogado; personalmente creo que no siempre se conoce ni valora suficientemente su labor, que es una ayuda valiosísima en el trabajo de los tribunales de la Iglesia.

El abogado tiene una función fundamental en la fase prejudicial: antes de la presentación de la demanda es necesario un estudio minucioso y detallado de la historia personal y matrimonial de la persona que consulta; y esto exige dedicar largas horas a escuchar a la persona para, posteriormente, estudiar si en lo relatado hay o no indicios de una posible nulidad del matrimonio. Por tanto, la capacidad de escucha debe combinarse con la pericia técnica (conocimientos específicos de derecho matrimonial y procesal canónico).

Una vez estudiados los hechos, llega otro momento importante y delicado en la labor del abogado: la coherencia y profesionalidad exigen exponer con sinceridad si se encuentran o no motivos suficientes para iniciar un proceso de declaración de nulidad. Si no se encuentran, habrá que explicar a la persona que, de su relato, lo que se deduce es que su matrimonio es válido; y será conveniente remitirle a la ayuda (no estrictamente jurídica) que pueda necesitar para asimilarlo.

Si el abogado encuentra indicios suficientes para iniciar un proceso de declaración de nulidad, tendrá que investigar si es posible probarlo, antes de presentar la demanda. Esto es crucial para el proceso y exige de nuevo una gran dedicación por parte del abogado para recabar esas pruebas. Como vemos hay que hacer un trabajo serio, con delicadeza y pericia técnica y una considerable dedicación de tiempo: todo ello sin haber empezado el proceso.

La redacción de la demanda es otro momento determinante: hay que relatar los hechos con respeto y siempre de forma no ofensiva para las partes; y alegar el capítulo de nulidad que corresponda a esos hechos. Una demanda incorrectamente redactada o en la que el capítulo de nulidad que se alegue no sea correcto tendrá repercusiones negativas en el resto del proceso, que posiblemente se complicará y alargará en el tiempo.

En la labor del abogado hay también un importante aspecto de acompañamiento de la persona que consulta, que llega en una situación de dificultad, generalmente con un notable grado de sufrimiento personal y con temor a enfrentarse a un proceso que no suele conocerse bien. Hay que disipar dudas, explicar cada paso procesal, frenar las impaciencias, no crear falsas expectativas… todo ello con una adecuada cualificación técnica.

Si el abogado hace bien su trabajo, todo el proceso se beneficia de esta labor; si no lo hace bien, también todo el proceso se verá afectado. Por eso es tan importante reconocer el trabajo que hacen y agradecer su colaboración con los tribunales en la búsqueda de la verdad.

El Hijo de José

A los padres muchas veces los conocemos a través de sus hijos.
Contemplo en José la fortaleza; la generosidad que no se aferra a los propios planes y la confianza en Dios; la perseverancia en el amor, a pesar de las dificultades. La dulzura al tratar a los niños, la delicadeza al dirigirse a una mujer. El respeto a la persona a pesar de conductas equivocadas. La oración continua.
Porque los niños aprenden de sus padres. Y lo veo en Jesús, el Hijo de José.

Después del Sínodo de la Familia

Ha terminado el Sínodo de los Obispos: durante tres semanas, la atención de la Iglesia y también de gran parte de la sociedad se ha centrado en la familia. Es verdad que, en este tiempo, se han escuchado muchas quejas y dificultades: los problemas a los que se enfrentan las familias, que a veces parecen sin solución; la necesidad de hacer algo para cambiar las cosas; y la dificultad, por qué no reconocerlo, de ponernos de acuerdo para hacer las cosas juntos sin imponer los propios criterios.

Y, sin embargo, el texto final es un grito de esperanza: los Padres Sinodales reconocen que la familia sigue siendo lo más importante para la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de todo el mundo. Y el mejor lugar para crecer, amados por nosotros mismos.

Señalan también medidas para ayudar a vivir mejor la vida de familia; medidas que son igualmente aplicables, en su mayoría, desde cualquier institución no confesional: preparar a los jóvenes para la vida de familia; apoyar los primeros años de matrimonio, siempre delicados; atender con especial cuidado y urgencia a las familias en situación de riesgo (violencia, abusos, soledad…) mediante una red de ayudas concretas.

Estas medidas que apuntan los Padres Sinodales no pueden quedarse ahora en un documento, mera teoría. Exigen ser llevadas a la práctica: no será fácil (¿qué proyecto que merezca la pena dedicar toda la vida es fácil?), pero ya tenemos señalado un camino por el que podemos empezar a andar: y por esta vía, estoy convencida, más allá de las dificultades lo mejor para la familia está por venir

la luz

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