«Si a tu hijo le dices antes de una carrera: `te vas a caer, tú no vales para esto´, ese niño se va a caer. Pero ¿y si le dices: corre, tú puedes; y, si te caes, aquí estoy para levantarte? » El anuncio de un empresa de seguros me hace pensar cuántas veces pronosticamos fracasos en lugar de apoyar el esfuerzo.

Apliquemos esto al matrimonio: si decimos a los jóvenes «el matrimonio y la familia son un imposible, se rompen»; posiblemente se van a romper. Pero ¿y si les decimos: adelante, merece la pena? ¡Tú puedes; y además, si te caes, aquí estoy para levantarte!

Hay que volver a dar protagonismo a todo lo bueno de la vida matrimonial y familiar y apoyar a quienes quieren elegirlo; empezando por pensar si sabemos proponerlo como una opción de vida que merece la pena y que es posible, o si nos quedamos en la queja y nos limitamos a enumerar todas las dificultades que pueden aparecer a lo largo de la vida.

Pero proponer no es suficiente: también tiene que ser real el compromiso de estar ahí si las cosas salen mal y de prestar una ayuda eficaz. Y para eso hacen falta medidas concretas de apoyo; entre ellas, orientación y mediación familiar, herramientas con un gran potencial que está por desarrollar.

Familia: ¡Tú puedes; y, si te caes, aquí estoy para levantarte!